El sismo que viene

De vuelta al tráfico, recorremos la ciudad de México y observamos que en algunas partes los escombros han sido recogidos, las calles poco a poco se van abriendo a la circulación mientras que algunos jardines y parques públicos se vuelven hogares temporales de quienes perdieron su patrimonio en aquellos fatídicos tres minutos del 19-S.

Las brigadas de rescate regresan, ovacionadas, a sus países de origen, mientras nos apropiamos de su léxico: binomios, puños, puntales y polines. Los medios de comunicación nos regalaron los nuevos lugares comunes de las retóricas postsísmicas. Horas enteras de coberturas a base de loops, imágenes de archivo y tautologías acerca de cómo comportarse durante un sismo, los riesgos de fundar una ciudad en un lago y cómo los perros de rescate devienen más importantes que las mismas víctimas. ¿Qué vende más en un set de televisión? ¿Una labrador, cansada, llamada Frida o una víctima de rescate desde su cama de hospital?

Asimismo, los influencers de Facebook e Instagram y los demás medios electrónicos basados en las redes sociales, en su búsqueda de los like, se asieron de producciones audiovisuales realizadas con los muy oportunos videos de celular, libres de derechos autorales, que la gente grabó en un espasmo de morbo y riesgo. Esto no habla bien del último recurso comunicativo, autónomo y libre, que la sociedad poseía.

Nos han hecho creer que regresamos a la normalidad, cuando no es así; aún hay gente sin hogar, empleados sin lugar de trabajo y un halo de corrupción que persigue a los tráilers repletos de víveres -acopiados por la sociedad organizada en el caos- en su ruta a los estados del sur del país.

La corrupción es el principal escombro que hay que recoger y volver a tirar; muchas cosas han cimbrado a la ciudad de México: inundaciones, terremotos, narcotráfico, y represión social, no obstante, la corrupción es peor que toda tragedia humana, ya que está enquistada en la médula espinal de la administración pública.

Tenía que ocurrir una tragedia de esa magnitud (19-S) para reflexionar acerca de quién nos gobierna y sus prácticas en relación con el uso del suelo, por ejemplo, al entregar permisos de construcción en zonas de riesgo por suelos no aptos o al facilitar la apertura de inmuebles que no cumplen con los requisitos, tanto de construcción como de protección civil, para fines comerciales o educativos. De igual forma, los gobiernos locales de la ciudad de México le deben una explicación a quienes adquirieron una propiedad en las zonas más trendy de la urbe, en el marco de una burbuja inmobiliaria de la cual se beneficiaron autoridades e inmobiliarias. Los terrenos que han quedado baldíos serán la moneda de cambio en una ciudad que se construye mirando al cielo. El atlas de riesgo brindará las respuestas necesarias a quienes se atrevan a comprar una propiedad.

El sismo que viene es político, es electoral y es universitario. Se trata un movimiento ciudadano que ha convertido en escombros a los partidos políticos como los conocíamos. De una sociedad que paulatinamente está dejando de ser pusilánime y que encarrila  hacia el empoderamiento y de una universidad nacional que reivindica su calidad de divulgadora de la ciencia y la protección civil, que nos ayuda a entender y a protegernos de nuestra geografía y que lidera el movimiento ciudadano de la solidaridad.

Luis Fernando Rodríguez Díaz


Aprovecho la tribuna que me presta la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe para expresar libremente estas reflexiones, que a mi juicio, contribuyen a mirar de otra forma las consecuencias de la tragedia. Agradezco profundamente a esta red universitaria por la libertad que me otorga, aún saliéndome de sus ejes estratégicos que contribuyen a la mejora de la Universidad latinoamericana, pero ¿qué sería de la Universidad sin sus plumas gozando de autonomía y libertad?

Fotografía: Edificio en Av. Insurgentes No. 300, también llamado “Edificio Canadá, por ostentar en su muro norte, durante décadas, el anuncio de una importante fábrica de calzado.

 

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