Un puño silente: América Latina unida por México

Ciudad de México, 20 de septiembre de 2017

Desde nuestra ventana ya no podremos ver la Iglesia de Santiago Tlatelolco completa, mudo testigo de difíciles hechos históricos; la mitad de su fachada y la cúspide de una de sus torres han colapsado. Nuestro edificio, la emblemática torre que perteneciera a la Secretaría de Relaciones Exteriores y que ahora forma parte del patrimonio de la UNAM está en peritaje. Partes de su mármol se han quebrado en la acera. Los vecinos de Tlatelolco abandonan sus hogares por miedo a perder la vida durante una réplica del fatídico 19-S.

Así como ha sucedido en nuestro barrio, otros entrañables espacios públicos y privados de la Ciudad de México han desaparecido o están a punto de desaparecer. Instituciones como el Tecnológico de Monterrey reportaron daños estructurales en sus edificios y bajas entre sus alumnos, mientras que algunas escuelas de educación básica se han derrumbado. Lo mismo sucede con las vialidades, centros comerciales y edificios de oficinas y habitacionales. La ciudad ha cambiado y a nuestra mirada le costará trabajo acostumbrarse a la nueva ciudad y sus pérdidas. Ya no estarán todos nuestros vecinos ni compañeros de trabajo.

A pesar de la desgracia humana, la ciudad que fue secuestrada por la gentrificación está siendo rescatada por la mano solidaria de quienes, sin ser llamados, llegaron a los puntos de colapso a ofrecer su ayuda. Miles de ciudadanos -aquí ya no importó la clase social- se movilizaron para rescatar de entre los escombros las posibilidades de vida. Una iniciativa colectiva que desde hace 32 años se adelanta al gobierno y a los medios de comunicación. No soslayamos el apoyo de cuadrillas de rescatistas profesionales que llegaron de Panamá, Nicaragua, El Salvador, Japón, Israel y otras naciones.

En nuestros días, la participación ciudadana es azuzada por las redes sociales, las cuales registraron en tiempo real los acontecimientos. Asimismo, la curiosa y empírica cobertura de la gente vistió horas enteras de programación en las principales cadenas de televisión, mientras que los drones proporcionaron una mirada exacta desde el aire, que nos ayudó a comprender el tamaño del desastre. Empero, el exceso de información en redes sociales confundió a la sociedad y en ocasiones la desinformó.

De este fenómeno natural aprendimos que un puño cerrado al cielo no es solamente victoria, sino señal de silencio, de ese silencio que se requiere para escuchar la voz encerrada entre escombros. Queremos silencio, no como ausencia, sino como el camino libre de la información veraz.

La Unión de Universidades de América Latina y el Caribe agradece a todas las universidades latinoamericanas las muestras de solidaridad y cariño manifiestas al pueblo mexicano de diversa forma. De esta solidaridad surgirá la fuerza que apuntale nuestra resiliencia. 

LFRD

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