‘Que la foto te grite algo’

Sin título

En la foto 27 un montón de granaderos se esconden detrás en sus escudos plástico del ataque de una mujer que está montada en un elefante. Ninguno asoma la cabeza. En cambio la mujer desde arriba,se asoma para mirarles la mollera.

La foto se llama Marcha de El Barzón, (1996). El fotógrafo Víctor Mendiola no quiso dar más datos. Mucho menos colocarle un título a su libro.

Pensó que cualquier título era pretencioso, pero su libro se ha publicado con su nombre: Víctor Mendiola. “O sea que quedó más pretencioso”, dice antes de reírse.

Es mejor que la foto atraiga la atención –“que grite algo”– sin ningún título, asegura.

Claro que pueden tener connotaciones sociales. “En la del elefante los granaderos estaban asustados, y quizá eso nos haga pensar sobre la confrontación y la resistencia social”.

Mendiola nació hace 44 años y ha trabajado en varios periódicos, donde aprendió ser atento para mirar y muy rápido para sacar la cámara.

“¿De qué sirve tener bueno ojo si tienes manos lentas”, dice. Por ahora es free lance y hace fotografía publicitaria. En un descanso toma esta entrevista vía telefónica.

Dice que una buena parte de las imágenes que se publican en el libro son inéditas. El volumen, con 54 fotos, pertenece a la serie Ojo de Venado, nombre también de la editorial especializada en fotografía.

Está ahí una revisión de su trayectoria, un tragafuegos bajo un puente, de 1989, cuando comenzó a fotografiar, hasta 2010.

La mayoría de las fotos son de paisajes o retratos urbanos, captados, se diría, con ayuda de manos y mirada rápida. En el momento preciso. A la entrada del Metro Bellas Artes un anciano ha caído de bruces, tiene los pies en el tercer escalón, con el cachete toca la base de la escalera. Parece muerto. “Yo iba subiendo y él iba entrando cuando se tropezó”.

Hay muchos otros seres citadinos: una mujer barrendera con su escoba en la madrugada; un bolero lee el periódico acostado con los pies sobre el molde de los zapatos; un hombre se baña frente a Palacio Nacional, un árbitro de futbol llanero con un refresco en una mano y un cigarro en la otra sonríe con sus dientes picados; un vagabundo equilibra una coca cola de dos litros en su cabeza, en la página opuesta un enfermo de lepra enfrenta a la cámara sin un ojo y con la cara deformada.

Algo tienen las fotografías de Mendiola que atrapan obsesivamente la mirada, algo que él no va a explicar o que quizás tampoco sabe. Lo que dice es que le interesa que en los retratos siempre sean de frente.

“Uno no es un cazador que va por ahí en busca de su presa, creo que es una acuerdo o una especie de acuerdo entre el retratado y el fotógrafo”, dice.

En algunas imágenes hay colores barridos, acaso intencionales. Al autor le agradan los errores, las imágenes frescas, momentáneas, las que no son sofisticadas. “Creo que últimamente se publican fotos tan perfectas y muy aburridas, estandarizadas, como si todas hubieran sido tomadas por un mismo fotógrafo, yo prefiero que se vea algún error”, dice.

Tampoco tiene temor a componer una imagen. La número 11: un hombre de traje y portafolios cruza entre los cuerpos desnudos del movimiento de los 400 pueblos. El hombre es un actor. Cuando Mendiola vio a los manifestantes, trató de confrontar él la vida de un burócrata o un político con la de un campesino. “La imagen está, pero no creo que lo que dice la imagen esté manipulado”.

Fuente: http://www.reforma.com/cultura/articulo/715/1429014/

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