“Enrique ya no quería ir a clases, lloraba todo el tiempo”

 

Enrique ya no quería ir a clases. Lloraba todo el tiempo. La explosión de una pipa de gas en su comunidad, San Pedro Xalostoc, lo afectó en demasía. Despertaba sobresaltado durante las noches y madrugadas y se sentía culpable de que otros pequeños como él murieron el 7 de mayo y que no pudo ayudarlos.

Sus padres le explicaron que él no tuvo nada que ver con lo ocurrido, que fue un trágico accidente y que fueron otras personas y circunstancias que lo propiciaron.

Enrique, un niño de seis años, quien vive a 10 calles de la zona donde explotó la pipa de gas, trata de superar lo vivido por sus vecinos. Le afectó mucho el incidente no obstante que ninguno de sus familiares están dentro de las víctimas.

El accidente de una unidad de doble remolque que circulaba sobre la autopista México- Pachuca y que ha provocado la muerte de 27 personas, afectó el estado emocional de algunos menores de edad en el poblado ecatepequense.

Sólo algunos de los niños reciben apoyo sicológico. Una especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien es residente de la comunidad, brinda terapias a los habitantes para que salgan del trance en el que se encuentran.

Cinco pequeños de entre cuatro a 12 años de edad van a sesiones terapéuticas.

Los niños cuentan entre sí que los muertos de la explosión se aparecen en la comunidad por las noches y eso los atemoriza.

El miedo, contó Yolanda Villanueva, la sicóloga que atiende a los pequeños se apoderó de ellos los días posteriores al siniestro. Dos de los menores de edad vieron cómo se incendiaba un amigo y su padre.

“Por qué les pasó a ellos”, preguntaron a sus padres. El temor que tienen los adultos de que se presente otro accidente se lo han transmitido a sus hijos pequeños.

Los niños, dijo la especialista de la UNAM que brinda ayuda sicológica, tienen temor a quedarse solos, dormir en las noches y a las oscuridad, pues el accidente se presentó de madrugada.

 

Yolanda Villanueva aseguró que en el caso de los pequeños el proceso de recuperación es más rápido que en los adultos, porque no le dan el mismo significado a la muerte que sus padres, tíos o abuelos.

Los menores que acuden a sesiones terapéuticas tienen cuatro, ocho, nueve y 12 años de edad.

Algunos alumnos del jardín de niños “Rosaura Zapata”, que también fue alcanzado por la onda expansiva de la explosión, expresaron su miedo los días posteriores al percance.

Los padres de familia contaron que varios de los pequeños lloraban afuera del plantel porque tenían miedo de ingresar a clases y que murieran quemados.

El prescolar se encuentra a 100 metros de donde explotó la pipa de gas. En la parte de atrás quedó el eje de la unidad que transportaba combustible y parte de su estructura se quemó. Por los daños se suspendieron las clases algunos días.

María Pedraza, maestra del jardín de niños, narró que el día en el que se reanudaron las actividades los pequeños dibujaron la tragedia de San Pedro Xalostoc.

El común denominador fue la pipa que circulaba por la autopista. De esa manera los estudiantes liberaron algunos de sus temores. Después de ese día los alumnos del prescolar ya no han hablado del tema, dijo la profesora.

En la comunidad continua el duelo. Los niños comparten el dolor.

Fuente: http://www.eluniversaledomex.mx/home/enrique-ya-no-queria-ir-a-clases-lloraba-todo-el-tiempo.html

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